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El sistema de ubicación satelital se está convirtiendo en el acompañante perfecto para el turista aventurero, ese que prefiere la naturaleza antes que los tour por la ciudad.
Un turista recorre la ribera de un río desconocido con sus aparejos de pesca. De repente encuentra un recodo hermoso, donde se instala a disfrutar de su hobby. Y, para su felicidad, le va muy bien. Luego de devolver el pez al río, piensa que le encantaría traer a sus amigos que se quedaron en la hostería a este mismo lugar, pero es muy difícil, porque llegó por casualidad y no sabe si podrá rehacer el camino. La solución es simple, localiza el sector en su GPS y así se asegura que regresará fácilmente al sitio exacto cuantas veces quiera.
Este es uno de los muchos usos del GPS, un sistema de localización por satélite que se está convirtiendo en un aliado del turismo. No de cualquier turista, evidentemente aquel visitante que llega en avión, los suben a una furgoneta y lo pasean con guía por las atracciones principales de la ciudad no lo necesita. Sin embargo para ese que llega a descubrir por sí mismo, que se sale del camino, que busca lo auténtico, es un muy buen compañero.
Una realidad que el turismo rural no puede darse el lujo de desconocer, porque sus pasajeros pertenecen principalmente a este segundo grupo, el de los turistas aventureros. Hijo de la Guerra fría
Si bien existen sistemas similares en Europa y en la difunta Unión Soviética, el GPS como lo conocemos hoy fue realizado por Estados Unidos, específicamente por sus fuerzas armadas. Corrían los años del enfrentamiento ideológico entre las ex súper potencias capitalista y comunista y, obviamente, el sistema fue desarrollado con objetivos militares.
La idea era poder localizar las flotas en medio del océano y para eso la marina norteamericana ideó, a mediados de los sesentas, el dispositivo denominado Transit, que permitía ubicar un navío en cualquier parte del mundo. El problema era que el proceso se demoraba 40 minutos, por lo que el barco debía permanecer estático durante ese lapso. En 1973, los esfuerzos de la marina se combinaron con los avances de la aviación estadounidense, que incluían el uso de satélites.
Recién en 1993 el sistema estuvo operativo en todo su potencial y se echó a andar en 1995, cuando la Guerra Fría que lo había hecho necesario ya estaba terminada.
EL GPS, cuyo nombre verdadero es Navstar-GPS (Navigation System and Ranging-Global Position System), consta de tres componentes: un sistema de 24 satélites que cubren toda la superficie del planeta, estaciones terrestres que procesan las informaciones y los receptores portátiles, que son los aparatos que cualquier persona puede comprar. Cuando un usuario quiere identificar una posición, como el pescador de nuestra historia, envía una señal que es triangulada por al menos tres satélites, los que determinan la distancia entre cada uno y el punto elegido, mediante el cálculo de cuánto demora en llegar la señal, con lo cual se registra la coordenada exacta.
La precisión del sistema es proverbial. En el hemisferio norte, que tiene sobre él mayor cantidad de satélites, puede ofrecer un servicio en que el punto se calcula con un error de hasta un metro. Es decir, si se pide la ubicación de la Estatua de la Libertad, el GPS se puede “equivocar” al punto que en vez de estar sobre ella quedará a la distancia que se puede cubrir alargando el brazo. En el hemisferio sur, con menor cobertura satelital, no está disponible el sistema de mayor exactitud, por lo que se estima un error posible de 2,5 metros. Si pedimos el monumento a Baquedano, de la plaza santiaguina homónima, a lo mejor no nos señalará exactamente la estatua, pero sí llegaremos a los jardines que la rodean.
En una geografía compleja
Manuel José Cerda es un ingeniero comercial fanático de los deportes al aire libre, como el montañismo. En la práctica de esta disciplina, en Estados Unidos, conoció en los años 90 esta naciente tecnología y la adoptó como usuario. Tan útil le resultó, que decidió convertirse en empresario del rubro. “Siempre consideré -señala- que era una herramienta muy útil y con un tremendo potencial en un país de geografía compleja como Chile. El 95 dejé mi trabajo e hice contactos para traerla a nuestro país”.
Hoy el montañista devenido en empresario es socio de Garmin, una de las dos empresas que ofrecen estos equipos en el país. “El GPS -explica- es un aparato electrónico que muestra en pantalla donde uno se encuentra. Puede ser un mapa, con instrucciones por escrito y una flecha que indica la dirección, o con una voz que dice como llegar al lugar escogido”.
“Se puede programar para guiar un auto -agrega Cerda- o para ir caminando (la diferencia es que a pie no importa el sentido de la calle). También uno puede pedir, por ejemplo, un supermercado o una farmacia y te dará en pantalla los cercanos a donde se encuentra uno, se elige y el sistema te indica como llegar. Incluso se puede emplear para encontrar el auto en un estacionamiento complicado”.
“El precio de los equipos portátiles -detalla el ingeniero- va desde 100.000 a 400.000 pesos. Se paga una vez, no hay un servicio que se cobre luego. Y cada equipo va con un software de planos y mapas del territorio nacional muy completo, nosotros no cubrimos de Arica a Punta Arenas, sino de Visviri a Puerto Williams, y que se actualizan cada tres meses. Cuando uno visita otro país, es cosa de comprar los mapas locales e instalarlos. Normalmente el costo de esos mapas es de entre 150 y 300 dólares. Un turista al llegar a Chile puede adquirir los planos locales, que cuestan 180 dólares, instalarlos en su equipo y recorrer el país sin problemas”.
Para el turismo
“Hay un juego asociado al sistema -explica Cerda-, el geocaching, que consiste en encontrar ‘tesoros’ instalados en cualquier parte. En Chile hay 250 de esos puntos, 20 de ellos en Santiago. El más sencillo es uno en el cerro San Cristóbal, que ya lleva dos cuadernos y medio de personas que lo han encontrado (quien lo halla se lleva el regalo que contiene, firma el cuaderno y deja otro recuerdo para el siguiente). Pero también tenemos en el Campo de Hielo Norte, isla Navarino, Torres del Paine, Isla de Pascua, Juan Fernández, Parinacota, etc.”.
“Nuestra empresa -detalla- trabaja con instituciones como INDAP, Trekking-Chile y Conaf. Por ejemplo, tenemos en nuestros planos todos los senderos turísticos. Colaboramos también en investigaciones, ahora estamos en una de ecoturismo y turismo rural, con la idea de integrar los resultados a nuestros mapas”.
“El GPS -agrega- resulta indispensable para el turista de aventuras. Aquellos que proponen sus propias excursiones, que eligen dónde ir cada día. Los turistas extranjeros de estas características siempre traen sus localizadores”.
“Para brindarle el servicio a los turistas locales o extranjeros –concluye Cerda- buscamos integrar los puntos que ellos necesitan. Tenemos, por ejemplo, localizadas todas las viñas, porque es lo que ellos quieren. Ya hemos integrado algunos servicios de turismo rural, pero son pocos y hay mucho que crecer. Si los turistas aventureros, que son los potenciales clientes del turismo rural, usan esta tecnología; el turismo rural debe figurar en los planos de GPS si quieren ser encontrados”.
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